Puebla, el mole y sus historias

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La bella ciudad de Puebla.

Como ya les había platicado, este 2012 lo inicié con una escapada a Puebla (Puebla, México) que bien sirvió para pasear mucho, comprar talavera y comer rico mole y es sobre este platillo, quizá el más típico de nuestro país, que hoy les voy a contar. 


Qué hacer en Puebla


Primero, hay que aclarar que no se sabe con certeza el verdadero origen del mole, aunque se mencionar que podría remontarse a los tiempos precolombinos, ya que entonces el pueblo azteca preparaba un platillo llamado “mulli”, vocablo que proviene de la lengua nahuatl y que significa moler, por lo tanto se le llamaba así a las salsas. 


Pero hay quienes aseguran que esta receta fue creada por accidente cuando, para la visita de Juan de Palafox, virrey de la Nueva España y el arzobispo de Puebla a un convento, Fray Pascual tenía tanta prisa por cocinar para sus importantes invitados, que tiró una charola con trozos de chocolate, chiles y diferentes especias en una cazuela donde ya hervía guajolotes; entonces, lo dejó cocinar y luego sirvió el guiso que resultó ser muy elogiado. 

Una versión más es la que cuentan en Puebla y que según dicen, ocurrió en el convento de Santa Clara: “a una religiosa se le ocurrió moler en el metate diferentes especies de chiles, chocolate y más ingredientes, fue tan fuerte y agradable el aroma que despedía aquella mezcla que la madre superiora expresó: “¡Hermana, qué bien mole!”, en lugar de “muele”, y fue así cómo se le quedó el nombre de “mole” al platillo”. 

Y podría yo seguir contando las diversas historias que hay entorno al mole, pero sea cual sea su origen, lo cierto es que se trata de un platillo único y delicioso, y qué mejor lugar para degustarlo que la bella ciudad de Puebla de los Angeles

Mole de oveja, el que quiere come el que no lo deja 

El Mole de Caderas es otro platillo típico de la región, y sus antecedentes se remontan al sitio militar realista de Huajuapan, a principios del siglo XVII. 

Los hacendados comían la carne del cabrito y solían regalar a los peones lo que sobraba: el espinazo y la cadera. Estos tuvieron que crear su propio guiso y fue así como nació el Mole de Caderas, que es un caldo rojo con ejotes silvestres. Hoy en día, lo sirven en varios restaurantes de la ciudad de Puebla y vale la pena probarlo.