lunes, 4 de marzo de 2013

Turismo en Montreal, arte, moda y gastronomía


Montreal es vibrante, es una ciudad norteamericana con un toque europeo. Montreal se respira, se camina y se disfruta, me atraen sus galerías, sus museos, pero sobre todo me hace sentir en un lugar de artistas, de arte y cultura. Es la segunda ciudad más poblada de Canadá y se encuentra en la provincia de Quebec, donde se habla francés. 

Mi llegada a Montreal fue por Air Canadá con conexión en Toronto, pero es posible volar hasta allá de forma directa con Aeromexico. El Aeropuerto Internacional Montréal–Pierre Elliott Trudeau queda a unos 30 minutos del centro de Montreal en auto, pero si te mueves en autobús tal vez tardes un poco más. En este medio hay dos opciones; primero, al salir de aeropuerto, tomas el autobús 204 que te lleva a la estación Dorval y de ahí tomarás otro según el lugar a donde te dirijas, el costo es 3 dólares y el mismo boleto sirve para los dos autobuses; la segunda opción es ir en el autobús de la línea 747 que cuesta 9 dólares por y tiene varias paradas en el centro de Montreal. O bien, puedes ir en tren rápido por unos 20 dólares el trayecto, en esta opción hay que tomar un shuttle gratuito al salir del aeropuerto para ir hasta la estación Dorval y de ahí sale el tren. 

En seguida, pude constatar que se trata de una ciudad adorable que invita a salir de noche, gracias a que es extremadamente segura hombres y mujeres, en grupos o en solitario caminan por las noches sin prisa ni apuro. En particular pude ver muchos jóvenes que van encantados de antro o de paseo de día y noche. 

La primera noche la pasé en el hotel de hielo de Snow Village y a partir del día siguiente, dormí en la comodidad y lujo del Hotel Sofitel, una delicia que vale la pena vivir. 

El segundo día transcurrió con un entretenido tour por la ciudad a manera de introducción a su historia y como parte de ello está la parte que Montreal ocupa en la moda, así que en este rubro visité las boutiques de Harricana Mode y Cahrlotte Hosten, donde conocí sus historias que tendré que contarles a detalle más adelante, porque ambas son muy interesantes. Y es que en este tema Montreal es una delicia para los que gustan del shopping, con sus más de 1200 tiendas a lo largo de los 15 kilómetros de la calle Sainte-Catherine, es simplemente el paraíso de los compradores. 

Además, hay que recordar que también esta ciudad tiene más de 30 kilómetros de vías subterráneas que viven y juegan un papel importante es la cotidianeidad de Montreal, pues ahí hay más de 1700 boutiques, unos 200 restaurantes, salas de cine y galerías de arte… que sin duda te encantará conocer. 

Y si de la propuesta gastronómica hablamos, pues entonces podré mencionar que hay restaurantes de todo tipo de comida, además de los que son reconocidos por algo en especial, como Les 400 Coups donde los postres son simplemente magníficos; además del restaurante del Museo Pointe-à-Callière, donde la vista y la comida es riquísima. Más imágenes en mi galería de Flickr.

Quieres hacer algo muy diferente? Pues lánzate a pescar en pleno invierno y en con el Río San Lorenzo congelado. Pêche Vieux-Montréal te invita a que pruebes tus habilidades y con un poco de paciencia, quizá obtengas una buena pesca. Para esta actividad es necesario adquirir con anticipación una licencia que cuesta 15 dólares. 

Y sí lo que quieres es conocer los orígenes de Montreal y la región, bien vale la pena dedicar un buen tiempo a recorrer el Museo Pointe-à-Callière y después salir a caminar por el Vieux Montreal, visitar la iglesia de Notre Dame, que es impresionante, comer la tradicional Poutine o dejarse consentir en el Spa Bota Bota… o qué tal algo más de compras de ropa de diseñadores locales en el Mercado Bonsecours. 

En fin, es una ciudad que vibra y hace vibrar a sus visitantes con toda su propuesta arquitectónica, cultural, artística, gastronómica, de moda y entretenimiento.