Chiapas

Eran las 4:30 de la mañana cuando tocaron a nuestra puerta para despertarnos, en 10 minutos ya estábamos listas con linterna en mano por los caminos de Finca Argovia (en Tapachula, Chiapas) rumbo a la recepción. Poco antes de las 5 am ya íbamos en grupo rumbo al mirador para vivir una de las grandes experiencias que he tenido la fortuna de conocer en mis viajes.

Ruta del café en Chiapas


Eramos un grupo de 5 personas acompañados por nuestra guía, que dicho sea de paso se trataba de una simpática y amable chica que se ve cómo ama su trabajo. Caminamos en la oscuridad, ayudados por la linterna, y la sensación de escuchar los sonidos y movimientos de la hierba y de los animales que se desplazaban a nuestro paso, fue algo inexplicable: temor mezclado con emoción y el zozobro de no saber lo qué había entre la oscuridad. Bromas y alguno que otro leve grito tras algún sonido extraño mientras caminábamos cuesta arriba.

Chiapas
Un poco después, la claridad comenzó a llegar y con ella se revelaban los impresionantes paisajes de Chiapas, verde de diferentes tonalidades, algunas coloridas flores y los puntos rojos propios de la cereza del café.

Así llegamos hasta el mirador, el aire fresco, el volcán Tacaná, el sol comenzaba a salir, ceibas, arbustos, cafetos y no quedaba más que contemplar y dejarse consentir por aquella caricia que el viento y la naturaleza nos regalo esa mañana.

La guía nos explicó sobre la riqueza del lugar, que estábamos en la frontera con Guatemala, los inicios de las fincas cafetaleras… y en medio de la conversación sacó un termo de su mochila. Voilá! Lo que nos faltaba para hacer perfecta la ocasión: un buen café de Argovia.

Ya al regreso, pudimos ver el camino recorrido a oscuras y tomamos nuestro tiempo para observar aves y la flora del lugar.

¡No cabe duda que recordar es volver a viajar!