viernes, 8 de marzo de 2013

Nieve, Quebec y paseo en trineo de perros


Cierro los ojos y aún siento la fría nieve en mi cara, la velocidad y el ladrar de los perritos… un paseo que se ha convertido en una de las experiencias más increíbles de mi vida la tuve en Quebec, gracias a Les Secrets Nordiques

A unos 40 minutos del centro de Quebec, está Les Secrets Nordiques se encuentra en la estación de esquiar de Mont-Sainte-Anne, donde se pueden realizar una buena cantidad de actividades invernales, pero yo fui con el propósito de vivir una experiencia totalmente nueva para mi, que se me antojaba bastante, pero no había imaginado que sería una de las más fabulosas de mi vida que ha quedado plasmada en mis recuerdos especialmente. 


Llegué y lo primero fue ver a lo lejos los trineos ya dispuestos para el paseo, cada uno con su grupo de perritos al frente. Algunos descansando recostados sobre la nieve y otros, jugueteando. Pasamos y siguió la revisión de la vestimenta, pues si algo de lo que portas no es apropiado para realizar la actividad, ahí te pueden prestar chamarra, botas, pantalón, guantes, etcétera… 

Después, una capacitación que no toma más de 20 minutos, donde te explican el cómo conducir el trineo y como hablarles a los perritos, reglas de seguridad y es el momento también de salir de dudas (sólo inglés y francés). También aprendimos diversas señas con las manos que nuestro guía podría identificar a lo lejos, para darle aviso de si todo iba bien, necesitábamos ayuda o había que parar por algo en especial. Hasta ahí, todos habíamos quedado claros en dichas señas, pero a la hora del recorrido, la realidad es que poco las usamos como debían ser, pues la emoción era tanta que en lo personal me olvidé de varias cosas. 


Una vez que todo estaba listo, fuimos hasta los trineos en parejas. Primero me tocó ir de pasajero y entonces fue el momento de disfrutar el blanco paisaje, el trotar de los canes, el terreno con subidas, bajadas, curvas… y aproveché para tomar fotos. Hasta ahí, todo me parecía divino, encantador, divertido, pero la verdadera emoción llegó cuando me tocó conducir el trineo y saber que estaba al mando de aquella nave con tan singular motor, un grupo de 6 perros de raza Malamute y Husky, comandado por un gran líder de nombre Raku

Un pasito y al grito de “Allez… allez Raku!” Raku echaba un ladrido y comenzaba a correr, mis piernas firmes sobre los brazos del trineo, las manos buen puestas en su lugar y aquello fue un sinfín de sentimientos: la velocidad que desde ahí se siente es mayor, el rozar de la nieve, el frío, los paisajes Narnianos…. Una curva y un poco de temor me hacen meter el freno y gritar “Doux… doux Raku!!”, para luego continuamos con toda libertada. 

Un poco más adelante, en el trineo que iba justo al frente de nosotros, un pequeño incidente hacen que el conductor ruede por la nieve y no me queda más que parar el trineo con un salto decidido al freno y el grito de “Brooooooo!!!” Ese rato sirvió para que los perritos jugaran, comieran nieve y alguno que otro se recostó, mientras yo seguía fascinada con la emoción y el lugar. 

Continuamos el trayecto… qué paisajes, que maravilla de lugar!!! Eso es Quebec y verlo de esta manera no tiene comparación. El recorrido duró más de una hora, pero se fue como agua entre las manos. 

Al final, es posible acercarse a los perros, pero respetando jerarquías: primero se saluda al líder y después a los demás. Son unos animalitos preciosos que gustan de correr y disfrutar este tipo de clima. 

Una vez que regresas a la recepción, hay pan, galletas y café y chocolate calientes, para tener una dulce despedida después de tan fabulosa experiencia.