Por qué viajar con tus hijos

Viajar, niños

Siempre he dicho que para el mexicano (en su mayoría, así como para muchos otros), vacaciones es sinónimo de playa, de echar chela y dejar pasar los días recostados en un camastro frente a la playa o la alberca, mientras los niños juguetean y a veces hacen de las suyas sin control, porque nunca faltan los chamacos que hacen pasar las de Caín a los empleados de los hoteles con travesuras inimaginables mientras los padres se olvidan por esos días de que tienen hijos. 

Aunque creo que afortunadamente la mentalidad del viajero en familia va cambiando, aun falta mucho por hacer. Opino que bien valdría la pena resaltar la importancia de que las vacaciones son para convivir, aprender, descansar y “estar juntos”, aunque también cada miembro de la familia tenga actividades por separado de acuerdo a su edad e intereses. 

En fin, siempre he defendido el viajar con mi hija porque he visto todo lo que ha aprendido en nuestras andanzas, y hoy veo que gracias a ello tiene un gran dominio del desplazamiento en un aeropuerto, por ejemplo; que para ella, hacer maleta es cosa fácil, así como adaptarse a horarios, comidas y costumbres de otros países, disfruta de visitar un museo o un mercado, gusta de ir al teatro y en general la pasa bien en todos los ambientes. Por supuesto, que como toda niña, también ama el mar y las albercas. 

En cada viaje que realizamos juntas me demuestra que no me he equivocado al darle esta vida, si bien a veces la levanto a las 3 ó 4 de la mañana para tomar un vuelo, iniciar el camino en el carro o subir a un autobús, y termina comiendo chatarra y a deshoras en los trayectos, todo ello tiene su recompensa cuando veo su sonrisa, su sorpresa o el aprendizaje que ha adquirido en cada lugar que visitamos. 

Hace unos días, durante nuestro viaje en el Allure of the Seas, que fue su primer crucero, una tarde entró al camarote, salió al balcón, extendió sus brazos y me dijo: “Ven mami, mira qué bonito se siente... es aire… es mar… es libertad!!!” 

Sin duda, su expresión me derrotó y me dejó ver algo que tal vez no había captado hasta el momento, estoy dando alas a mi hija… para que un día vuele sola con seguridad, sin miedos, a vivir su propia vida a donde decida tenerla.