viernes, 18 de mayo de 2012

Holbox, para encontrar la paz



Durante los últimos tres meses escuché de boca de gente que ya ha visitado Holbox, frases más o menos así: “no hay nada qué hacer”, “es bonito, pero ahí se va a no hacer nada”, “a ver si no se aburre tu hija porque no es para niños” y varias más. 

Llegué a Holbox (Quintana Roo, México) el sábado por la tarde y el primer regalo que recibí fue un bello atardecer; luego, día tras día descubrí el encanto del lugar, ese que todos pueden percibir: sus calles sin pavimentar, ambiente de población pequeña, calidez de los habitantes, tranquilidad, sol, playa, aguas cristalinas, arena blanca y podría seguir haciendo esta lista aún más larga; sin embargo, eso no era lo más importante que esta pequeña isla me ofrecería. 

Una mañana salí a caminar cuando apenas salía el sol, aun con un poco de oscuridad recorrí la orilla de la playa, me permití sentir la fina arena en los pies; y luego, sentí también algunas piedrillas y conchitas que el mar había arrojado, así llegué hasta un muelle donde ya se encontraban algunos hombres con claro acento del lugar, conversaban y revisaban sus redes “no sále la sárdtinita”, dice uno de ellos; me acerco y pregunto el porqué, me responde que es porque no sale el sol, los dejo con su conversación y continúo el andar. 

Al llegar a la orilla del muelle, me encuentro con que un breve espacio que me acercó al mar y a su ligero oleaje; entonces, no me quedó más que sucumbir ante la invitación a sentarme… sentir… escuchar… mirar… 

Luego de un rato en que los pájaros volaron a mi alrededor, el vaivén del mar pasaba frente a mí, el viento me acarició y el sol me iluminó, entendí que a Holbox se va a buscar tu tiempo de paz, ese que puede durar algunos momentos o quizá unas cuántas horas. En un momento me descubrí en ese punto tan cerca del mar y tan lejos de casa, con las ausencias de pensamientos y presencias de recuerdos… simplemente yo, el mundo y la paz... qué más se puede pedir?

¿Y mi hija? Ella quedó fascinada con el destino y al regresar atinó a decir: Mami, te das cuenta que pasé cinco días sin ver tele y ni la extrañé, ¿qué te parece si cuando me castigues la tele me traes a Holbox