martes, 27 de marzo de 2012

Y con la depresión postviaje, qué hago?

Hotelito Mio, Puerto Vallarta, Jalisco.

Cualquiera creería que el hecho de viajar constantemente logra crear la costumbre, pero la realidad es que en mí no ocurre así. Cada maleta preparada y cada momento vivido antes de salir de casa es de gran emoción, y luego… lo que le sigue. 

El traslado es el momento de viajar que más weba me da, porque siempre hay incomodidad y mucho más cuando se trata de hacerlo en mi país, donde los autobuses de primera cada vez parecen más de segunda y los costos de los vuelos están por los cielos, y con rutas y horarios muy extraños, de los que casi nadie comprende porque son así. 

Pero una vez que llego a mi destino comienza lo mejor: en ese momento me relajo, disfruto, como, respiro, admiro, conozco y en algunos casos reconozco lo ya visitado. Son días donde me olvido de la rutina diaria y sólo vivo el momento, porque como siempre lo he dicho: yo viajo porque vine a esta vida a pasar con ella y no a verla pasar. 

Gente que me estrecha su mano y me regala una sonrisa; y este mundo, que a cada paso que doy me sorprende más, me quiere y me obsequia siempre momentos, atardeceres, vistas y detalles que guardo en mi recuerdo… y por qué no decirlo, muchos de ellos me llegan hasta los huesos (porque eso del corazón ya está muy trillado). 

Pero como el tiempo pasa rápido cuando uno se la pasa bien, entonces se acaba el viaje y llega el momento de despedirse de un lugar que ya es parte de mi vida y al que tal vez regresaré, pero no encontraré las mismas caras, ni los mismos sabores y paisajes, porque todo cambia con el tiempo y mi vuelta seguramente será mucho después o tal vez nunca. 

Así las cosas, en el momento que doy el primer paso en el transporte de regreso, comienza la depresión postviaje y no es porque quiera hacerlo así, esa llega solita y por más que intento meterla en la maleta, la desgraciada no quiere entrar, entonces me toca lidiarla unos días con ella y luego se va. 

Así es el sube y baja de mi vida… pero aprendo a vivir con ello porque entiendo que es parte del show y gracias a esto es que quizá aprecio más cada viaje. Hoy sí tengo la depre, pero seguro para el sábado ya se fue y comenzaré a hacer maleta... porque el domingo estaré subiendo al crucero más grande del mundo, al Allure of the Seas, para pasar una semana magnífica!!! Y todo eso, porque la cura para este mal, es la ilusión de un nuevo viaje.