Anécdotas viajeras: baños, dormilona y sacerdote


De todo me ha pasado en los viajes, anécdotas que se pueden contar y otras tantas que la verdad me apenaría mucho hacerlas públicas, pero entre tantas y tantas historias he elegido algunas que espero les saquen algunas sonrisas a “mis costillas”. 

* Vamos mi hija y yo en un vuelo a Los Angeles y en la última hora no nos dejan parar al baño por turbulencia, así que bajo con aquellas ganas que ya se imaginarán, veo el anuncio del baño y voy directo sin pensarlo mientras mi pequeña de apenas unos 5 años me seguía desesperada. Entro al baño y ella se queda afuera gritando: ¡¡Mamá, mamá!! Regreso la mirada, le pregunto qué quiere y responde: ¡Es de hombres! Vuelvo mi vista al interior y ooohhhh, todos los hombres que estaban adentro voltean a verme al mismo tiempo, mientras ellos… bueno ya se imaginan qué hacían. 

* Hacíamos picnic en Villa Borghese en Roma, la tarde era calurosa y después de comer veo una banca que me invitaba a sentarme, sin pensarlo mucho voy hasta ella y casi sin sentirlo me recuesto. Cuando abrí los ojos ya no estaba ni mi marido ni mi hija y hasta había soñado. La familia me abandonó por dormilona, luego de un rato aparecieron en una de esas bicicletas familiares. 

* Voy en un vuelo a Cancún y justo a mi lado un joven vestido de negro con quien pronto entré en plática con mi muy florido lenguaje. Al llegar, todos se paran y él, muy propio, se queda sentado esperando a que la gente pase, lo que intimida un poco mi prisa y me quedo sentada también; la plática sigue por unos minutos y por fin está libre el pasillo para ponernos de pie, echo unas cuántas “madres” más al bajar mi maleta y volteo hacía él para despedirme y ohhhhhhh, ¡¡¡era sacerdote!!! (Bien me lo decía mi madre: cuida siempre tu vocabulario jajaja) 

* En un restaurante pequeño en Nueva York entro al baño que era para hombres y mujeres, según yo había puesto bien el seguro de la puerta. En un momento, se abre la puerta y es un hombre; y yo, como buena mujer pongo mis manos para taparme abajo (ustedes ya saben dónde) y noto que su mirada se va hacia atrás de mi y luego que sale volteo y ¡había un espejo del tamaño de la pared detrás de mí!