viernes, 13 de mayo de 2011

El primer encuentro con Medellín

Segunda parte de este viaje de @athewa por Colombia AQUI

Llegamos de noche. Carros por todas partes y luces de edificios nos decían que ya estábamos en la ciudad pero fue hasta la mañana siguiente que tuvimos nuestro primer encuentro real con Medellín.

La ciudad es de un color adobe que evoca las casas de provincia al mismo tiempo que sus altos edificios te recuerdan que estás en una de las ciudades más importantes de Colombia. Decidimos hacer nuestra primer parada en el Pueblito Paisa, ubicado en lo alto del cerro Nutibara, por lo que tuvimos una vista privilegiada de todo Medellín que sirvió para ubicarnos un poco.

En el Pueblito encontramos una pequeña representación de un típico pueblo antioqueño de comienzos del siglo XX: una plazuela con todo y su iglesia y a los costados un par de tiendas con recuerdos de Colombia, restaurantes... y un punto de información turística que nos salvó de perdernos para llegar a nuestro siguiente punto: El metrocable.

Como Medellín está situado entre montañas, la manera más fácil de llegar a las partes altas es tomando este teleférico que se conecta con el metro de la ciudad (de los metros más lindos que haya visto hasta ahora). Hay dos "líneas" de metrocable: las dos con vistas espectaculares de Medellín.

Algunos amigos nos explicaban que estas zonas altas a las que llega el Metrocable son de las menos favorecidas, pero es absolutamente seguro bajar, contrario a lo que alguno pudiera llegar a pensar o a lo que uno escucha de repente, así que llegamos al final del metrocable y bajamos para admirar la vista desde este otro punto. El calor del medio día hacía de las suyas y sin desayunar, los mangos verdes que vendían me parecieron símplemente irresistibles. Inocentemente me detuve a comprar unos, sin saber que ¡se me iban a volver una adicción!.

Caminamos hacia el mirador, a un costado de la ultramoderna Biblioteca España y tomamos un par de fotos con el metrocable a nuestras espaldas mientras disfrutábamos de la vista y los mangos. De regreso al metrocable encontramos a una señora que vendía algo viscoso que movía con sus brazos. Gelatina, le decían, pero aquello más bien parecía una especie de caramelo suave. De igual manera lo probamos y poco después nos enteramos que era un dulce hecho ¡a base de pata de cerdo!.

Nuestro amigo Willy desde Manizales nos contactó con otros amigos suyos que viven en Medellín, así que nos reunimos con ellos para visitar la Plaza Botero, localizada justo en el centro de la ciudad. En la Plaza conviven 23 enormes esculturas donadas por el mismo Botero, artista originario de Medellín. Tomamos fotos como niños: con la gordita acostada, con el guerrero, con la pareja de gorditos y con todas las esculturas que pudimos.

Frente a la Plaza Botero se encuentra el Museo de Antioquia en donde aquellos interesados en el arte pueden pasar literalmente horas recorriendo sus pasillos, sin embargo nosotros sólo teníamos un par de días y había que aprovecharlos al máximo, por lo que hicimos una parada obligada en... ¡los centros comerciales!... que dicho sea de paso, nada tienen que envidiarle a los de las grandes ciudades de Estados Unidos o Canadá.

Medellín literalmente está lleno de parques y plazas, pero gracias a nuestros amigos paisas (la manera cariñosa en que se llaman entre sí los oriundos de la región de Antioquia), en los siguientes días visitamos algunos de los puntos más importantes: El parque de los pies descalzos, en donde puedes andar sin zapatos mientras caminas en una explanada de arena ¡en plena ciudad!, el parque de los deseos, el Jardín Botánico (enorme y gratuito), más centros comerciales, la Catedral, un edificio inteligente, la Alcaldía, restaurantes diversos y hasta el zoológico.

Algo que me llamó mucho la atención fue ver la cultura del agua en todos los parques: los niños podían refrescarse del calor de la tarde sin miedo de que el agua estuviera contaminada, todos respetando los espacios designados para ello, una ciudad limpísima e impactantemente verde.

Imagino que el clima tendrá algo que ver, pero seguro también aquello que me cuentan de que "el paisa es entrón" y que en general se preocupan por mejorar todo lo que está en sus manos.

Ver a estos niños jugar en un espejo de agua frente al Planetario me provoca una extraña nostalgia. Me acuerdo que mis padres me cuentan que cuando eran pequeños ellos mismos podían meterse a jugar en las fuentes de la Alameda o Chapultepec... ¿ahora? ¡ni pensarlo!...

Volteo a los lados y veo una ciudad llena de arquitectura, de diseño... totalmente contemporánea y que no se compara con nada a cualquier otra ciudad latinoamericana que haya visitado.

Poco a poco cae la noche y sabemos que es tiempo de rumbear. Así es que nos reunimos con nuestra amiga Alexandra, quien nos lleva al Parque Lleras para conocer un poco de la vida nocturna de Medellín.

El parque, rodeado de restaurantes, antros y bares para todo tipo de gustos y bolsillos es un lugar que no debe olvidarse cuando de fiesta se trata, lo que lo convierte en el escenario perfecto para despedirnos del "Medallo".

Y así es que entre risas, música, fotografías y unas ricas tapas nos despedimos de la segunda ciudad más importante de Colombia. En unas horas viajaremos rumbo a Cartagena de Indias, el principal destino turístico del país.... aunque para llegar, aún deberemos pasar 15 horas en autobús, pero la idea de conocer la famosa ciudad amurallada frente al mar es totalmente irresistible y nos hace más llevaderas las horas de camino...

Continuará...