Hagia Sofia, un deleite para los sentidos

Podría iniciar este post diciendo que Hagia Sofía es un sitio agroecológico de más de 130 hectáreas, donde conviven más de 400 especies vegetales con cerca de 100 variedades originarias del sudeste asiático y de centro y Sudamérica, y dónde se pueden observar diversas especies de aves y mariposas. Pero no lo haré así porque esa información la pueden obtener de su sitio web. Yo me enfocaré a la experiencia de la visita, que es más que un paseo…es un deleite para todos los sentidos.

Hagia Sofia se encuentra a unos 45 minutos de la zona hotelera de Huatulco, Oaxaca, y una vez que te acercas al lugar puedes disfrutar de impresionantes paisajes. El servicio puede incluir el transporte desde y hasta tu hotel; si quieres llegar por tu cuenta, no olvides reservar.

Llegamos y vaya que es diferente el clima ahí, pues no tiene nada qué ver con el calor de la playa que se encuentra a pocos kilómetros de distancia. Gracias a la gran cantidad de vegetación nos encontramos con un sitio templado y muy agradable. Nos recibieron con agua de frutas, quesadillas hechas a mano y fruta fresca, que se sirve en desechable biodegradable. Comimos, platicamos un poco, nos pusimos repelente de insectos (no lleves ninguno que contenga químicos), y luego iniciamos el recorrido.

Aromas y sonidos fueron el marco perfecto para lo que pudimos ver y tocar aquella mañana, bellas flores, mariposas de diversos colores y los pájaros que vuelan cerca de la gente sin intimidarse. Mi hija fascinada con todo esa belleza, disfruto tanto de Hagia Sofia que asegura fue lo mejor de Huatulco, y recuerda emocionada que ahí pudo ver una mariposa blue morpho.

No hay palabras para describir la experiencia de andar por esos angostos caminos mientras escuchas el agua, los pájaros y hasta el viento; te llegan los aromas de las flores y frutos, y puedes tocar cualquiera de las plantas.

Así llegamos hasta un río, donde los zapatos quedaron fuera y lo cruzamos descalzos (los que quisieron hacerlo así, otros usaron chanclas pero yo preferí sentir las piedras y el agua). Luego un camino cuesta arriba y desde allá, muchos árboles frutales y las más hermosas vistas de un paisaje que sólo Oaxaca puede ofrecer.

Regresamos luego de un breve descanso y compartimos una vez más el agua y los frutos, para en seguida ir a bañarnos en el río. Yo nunca logré llegar hasta la cascada porque la corriente es muy fuerte, pero hubo quienes sí lo lograron. La temperatura del agua estaba perfecta y la corriente sirvió de delicioso masaje, el que no queríamos que terminara.

Al final, regresamos a degustar ricos platillo de la región; y fue entonces que nos despedimos de Hagia Sofia, relajados y encantados por el regalo que la naturaleza nos da en ese lugar.